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Sr. Geremías Amarillo – Constructor

Por: Andrés De Mello

ANIMARSE A VOLAR
“…Y cuando se hizo grande, su padre le dijo: – Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado. – Pero yo no sé volar – contestó el hijo. –
Ven – dijo el padre. Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña. – Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás… El hijo
dudó. – ¿Y si me caigo? – Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que te harán más fuerte para el siguiente intento – contestó el padre. El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida. Los más pequeños de mente dijeron: – ¿Estás loco? – ¿Para qué? – Tu padre está delirando… – ¿Qué vas a buscar volando?¿Por qué no te dejas de pavadas? – Y además, ¿quién necesita volar? Los más lúcidos también sentían miedo: – ¿Será cierto? – ¿No será peligroso? – ¿Por qué no empiezas despacio? – En todo caso, prueba tirarte desde una escalera. – …O desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima? El joven escuchó el consejo de quienes lo querían. Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó… Desplegó sus alas. Las agitó en el aire con todas sus fuerzas… pero igual… se precipitó a tierra… Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre: ¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas son de adorno… lloriqueó. – Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas…
necesitas cierta altura antes de saltar. Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo. Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre…” Jorge Bucay

Geremías Amarillo aprendió a volar gracias al apoyo incondicional de su padre. Hoy es un constructor que se anima a seguir arriesgándose en el mundo del conocimiento de la tarea elegida.


Adelante con la entrevista.
A: ¿Cómo tomaste la decisión de dedicarte a la construcción y afines?
GA: Decidí dedicarme a la construcción porque es algo que desde chico me gustó ya que veía a mi padre trabajar de eso y siempre andaba atrás de él.


A: ¿Estudiaste o aprendiste ejerciendo el oficio?

GA: Estudié la carrera de Instalaciones Eléctricas Domestica e Industrial en el instituto IADE, después empecé a trabajar en la construcción con mi padre y fui aprendiendo sobre la marcha.


A: ¿Cómo fueron los primeros pasos en el rubro?
GA: Fueron difíciles, pero mi padre trabaja en la construcción en general hace muchos años y él es el que me guía en el rubro.


A: ¿Trabajaste antes para alguien? ¿Cómo fue esa experiencia?
GA: Con mi padre, la experiencia fue y es buena. Ya que siempre quiero aprender cosas nueva y él siempre está dispuesto a enseñar.


A: ¿Cuándo decidís independizarte y por qué?
GA: Tuve la facilidad de independizarme porque al trabajar con mi padre desde muy chico y poder estudiar una carrera se me hizo más fácil.


A: Cuéntame un poco en qué consiste el trabajo que ofreces.
GA: Me dedico a las reparaciones en la construcción en general, pinturas, electricidad, cambio de puertas y ventanas, sanitaria, etc.


A: ¿Es un oficio que se debe ir actualizando continuamente?
GA: Siempre está bueno ir agregando materiales o herramientas que faciliten a la hora del trabajo.


A: ¿Cuál fue tu primer proyecto o trabajo grande?
GA: Una remodelación de una casa ¨vieja¨ por completo, que llevo más de medio año.

A: ¿Cómo te sentiste al encararlo solo?
GA: Nunca me sentí solo, ya que tengo el apoyo de mi padre en todos los trabajos.


A: ¿Cuáles son las dificultades que encuentras al ser tu propio jefe?
GA: No sentí ninguna dificultad para serlo porque me sentí y me siento preparado para hacerlo.


A: ¿Y cuáles son los beneficios?
GA: Los beneficios son poder manejar mis propios tiempos y poder expandirme y tener la posibilidad de aprender otras cosas sin quedarme en un oficio solo.


A: Cambiando de tema, ¿cómo llegas al mundo del fútbol?
GA: Llego al fútbol a los 10 años de edad. Un día fue a dar una charla y a buscar jugadores el presidente del Baby Fútbol de San Luis en la escuela a la que concurría. Desde ahí empecé a jugar.


A: ¿Dónde y cómo fueron los inicios?
GA: Los inicios fueron buenos, ya que se había formado un buen grupo, mi primer equipo fue el Baby Fútbol de San Luis.


A: ¿En qué equipos has jugado?
GA: Empecé en el baby fútbol San Luis, como San Luis no tenía categorías mayores pasé a jugar en Progreso de Estación Atlántida, de ahí me llamaron de la selección de Canelones sub 14. Después tuve un paso por la liga de Montevideo jugando en Peñarol y Atenas de San Carlos, y actualmente estoy jugando en el La Floresta.


A: ¿Cómo fueron esas experiencias?
GA: La experiencia en las ligas del interior son buenas hay mucho compañerismo y hay que hacer el doble de sacrificio, en la liga de Montevideo en lo personal no tuve muy buenas experiencias.


A: ¿Cómo y cuándo llegas al Club Social y Deportivo La Floresta?
GA: Llegué a jugar este año, el club recién volvió a la competición y decidí ir.


A: ¿Cómo conviven ambas actividades?
GA: Por lo general salgo de trabajar a las 17 horas., y las prácticas son a las 20 horas. Como no es un fútbol de tantas exigencias no se entrena todos los días, en mi caso el fútbol es un escape de lo monótono que suele ser el trabajo.


A: ¿Proyectos, novedades?
GA: El proyecto sería crear un local u oficina para poder mostrar parte de mi trabajo.


A: Muchísimas gracias por tu tiempo.
GA: Gracias a ustedes.

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