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La salud mental como problema filosófico

Por Mabel Bemposta

El término locura es moderno, ya que fue a partir del Siglo XVIII, el famoso siglo de las luces o de la iluminación, que se empezó a manejar el discurso de “la razón de la sin razón”, es decir, todo aquel comportamiento considerado inadecuado, inaceptable, se caracterizó como el comportamiento de un “loco”.
De esta manera los locos irían desplazando a los demás excluidos, como leprosos, empleadas de señores feudales que quedaban embarazadas, entre otros.
En 1961, Michael Foucault, escribe la obra “Historia de la locura”, que recomiendo, no tiene desperdicio. Traigo el tema para conversar porque la salud mental, en nuestros días pos pandémicos, debería estar en el centro de la discusión con el fin de encontrar soluciones ante un problema que es más peligroso que un virus o una bacteria.
En esta primera entrega pretendo elaborar una introducción para ir desarrollándolo con respeto y desde mi humilde comprensión.
No soy profesional de la salud, pero soy un ser humano como cualquier otro y por ende me interesa todo aquello que nos atraviesa. Cuanto más nos informemos, cuanto más lo conversemos, más será nuestra comprensión de nosotros y de los demás. Estoy segura que a muchos de ustedes, queridos lectores que me soportan, les toca de cerca, ya que son muchas las personas que están recurriendo a la psiquiatría en busca de alivio ante diferentes dolencias de nuestro sistema nervioso.
Siguiendo con la reflexión les cuento leyendo a Foucault, entendí que las palabras son “matrices normativas”, es decir, una palabra y su significado, crean normas y hasta instituciones y así, los seres humanos quedamos sujetados por normas y “verdades” construidas socialmente.
La palabra “locura” creó instituciones como los hospitales psiquiátricos y también creó la disciplina llamada psiquiatría, la que es como disciplina, muy joven. Hasta rasí, además tendríamos que seguir discutiendo sobre la línea que divide lo normal de lo anormal.
Foucault plantea que a lo largo de la historia el sentido de la locura fue variando. En la antigüedad se creía que el cuerpo era poseído por demonios; en el Renacimiento la posesión demoníaca era del alma, de ahí los exorcismos; en el Siglo XVIII, era la pérdida de las facultades, quedando incapacitado; en el Siglo XIX, surge el enajenado, es decir, se lo considera perdido y se lo encierra. Espero haberlos motivado para conversar de un tema tan interesante y que nos, como ya dije, atraviesa a todos. Hasta la próxima entrega y para acompañar esta columna elegí una excelente película que la encontrarán en Recomendamos.
Feliz Vida.

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