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La Isla de Flores: vigía para los navegantes

Por: Wilson Mesa

“En un día claro se ve hasta siempre”.

Cuando observé una fotografía -lograda desde un edifico de la costa por la Sra. Zulma Moreno- en la cual se puede ver la Isla de Flores muy nítidamente, pensé que podía ser un buen tema para esta crónica mensual.

Estamos tan acostumbrados a ver en el horizonte la blanca figura del Faro de esta Isla; y ver de noche los destellos intermitentes del mismo, que tal vez no reparamos en la historia que tienen ambos –Isla y Faro- y la importancia que siempre tuvieron en la navegación del Río de la Plata, y la entrada al puerto de Montevideo.

Para empezar, les voy diciendo que estamos ante “el Faro más caro del mundo”, y ya van a ver por qué.

Algunos antecedentes históricos

Si hoy día es complicada la navegación del Plata; imaginen ustedes lo que habrá sido hace trescientos años, frente a los escasos conocimientos geográficos, y los rudimentarios elementos de ayuda para los marinos.

La entrada al puerto de Montevideo preocupaba más a los navegantes que toda la travesía oceánica. Uno de los escollos más temidos era el “Banco Inglés”, situado al sureste de la Isla de Flores.

El Río de la Plata era considerado el “infierno de los marinos y un cementerio de barcos”, por lo que había pedidos reiterados de los comerciantes y los capitanes de barcos en general, para que se diera alguna seguridad a esta temida ruta con la instalación de un Faro en esa zona.

Debió pasar todo el período de dominio hispánico, para que los reclamos del Faro en la Isla de Flores encontraran respuesta, y eso comenzó a ejecutarse durante la dominación luso-brasileña (1817–1826).

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Origen del nombre

Esta Isla fue conocida y visitada desde siempre por las tribus indígenas del sur de la Banda Oriental: Charrúas, Chanáes y Yaros.

Al parecer fue Sebastián Gaboto el primer europeo en avistarla en 1527, poniéndole el nombre de Isla de Flores por ser el día de la “Pascua Florida”. Es posible que la expedición de Juan Díaz de Solís también la avistara en el mes de enero de 1516, pero no hay constancia escrita. Algunas fuentes atribuyen el origen del nombre a que la descubrió un vigía de la expedición de Solís de apellido “Flores”.

Sí hay constancia de que Solís bautizó como “Mar Dulce” al Río de la Plata, según dicen los historiadores porque notó que sus aguas eran menos saladas que las del océano por el cual venían navegando.

En realidad, durante el transcurso de los tres siglos de dominación española, se la conoció bajo otras denominaciones, tales como “Isla de los Pájaros”, y hasta “Isla de las Piedras”.

Hoy sabemos que la Isla de Flores es una pequeña isla del Estuario del Plata que tiene una superficie aproximada de 31 hectáreas. Situada a unos 21 km de la “Punta de las Carretas” en Montevideo; y un poco menos desde algunos puntos de la costa de Canelones.

Está dividida en tres superficies de diferentes tamaños, que cuando sube la marea parece que fueran islas separadas. A la primera se le llama “Isla Grande”. Y después están la Segunda y Tercera Isla.

Además de por su tamaño se las puede distinguir por las construcciones que se hicieron en cada una, muchas de las cuales están en ruinas.

No hay árboles, excepto algunos Transparentes que han crecido protegidos por las ruinas y algunas Palmeras plantadas en el siglo pasado.

Otra peculiaridad de la Isla de Flores es que allí se encuentran más de treinta especies de aves marinas y gran cantidad de conejos de color oscuro que prosperan en todo el lugar.

En islotes muy cercanos antes de llegar a la “Isla Grande”, yendo desde la costa, existen colonias de lobos marinos.

Las epidemias, los inmigrantes y el lazareto

En el año 1800 se construye en la Isla de Flores una especie de Lazareto para esclavos, que debían permanecer allí en cautiverio hasta el momento de ser vendidos.

Ya avanzado el siglo XIX, la viruela, el cólera y la fiebre amarilla fueron algunas de las epidemias que padeció Uruguay, al igual que otros países del mundo. Para evitar posibles contagios, los inmigrantes que venían a Montevideo no podían desembarcar en el puerto hasta ser revisados por un médico. La norma sanitaria ordenaba enviarlos a un lugar apartado: primero el lugar fue la “Isla de Ratas”, pero como algunos cruzaban nadando hasta llegar a la costa, se optó por la Isla de Flores.

En 1865 comenzó la construcción del Lazareto, que fue inaugurado en 1869, con el nombre eufemístico de “Hotel de Inmigrantes”. En 1881, la Junta Nacional de Sanidad declaró obligatoria la cuarentena, que podía ir desde una semana como mínimo, hasta 40 días.

<<Las embarcaciones paraban en la Isla Grande donde los viajeros eran divididos en tres “categorías”: sanos, enfermos y muertos. A los primeros se los dejaba en el “Hotel de Inmigrantes” y se les desinfectaba la ropa y las valijas. A los segundos se los internaba en el Hospital. Y a los terceros se los llevaba al Crematorio ubicado en el extremo este de la isla…>>. (Juan Antonio Varese).

El “Hotel de Inmigrantes” estaba dividido por clases, con habitaciones más o menos cómodas según la posición económica de los pasajeros. Los que llegaban en primera, a veces traían a sus sirvientes e iban directo a las mejores instalaciones, que pagaban 2 pesos oro. Quienes venían en tercera quedaban en el sector de las habitaciones compartidas por las que pagaban 1 peso.

A principios del 1900 -y después de la feroz epidemia mundial de fiebre amarilla, durante la cual el Lazareto cumplió intenso cometido-, las instalaciones de la Isla quedaron prácticamente abandonadas retirándose el personal médico y sanitario, así como los militares y civiles que cumplían servicios permanentes. Solo quedó el personal afectado al funcionamiento del Faro, y las construcciones se fueron destruyendo por la acción del tiempo y la falta de mantenimiento.

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Conociendo la Isla de Flores

La “Isla Grande”

Es la que está más al suroeste, en ella se encuentran el Faro, el muelle y la mayoría de las edificaciones que componían una Estación Sanitaria donde hacían la cuarentena los pasajeros de los buques. El Lazareto disponía de un “Desinfectorio” que estaba ubicado a poca distancia del muelle de desembarco de la Isla.
Tenía una amplia cámara química, para la desinfección de ropas, objetos de uso y equipajes de los pasajeros.
Los equipajes llegaban directamente al “Desinfectorio” por medio de una vía férrea que partía del muelle hasta la entrada del “salón de desinfección”. Una vez terminada la desinfección eran trasladados a un depósito y luego retirados por los pasajeros.
Había un “Hotel de Inmigrantes”, donde se hospedaban los viajeros sanos. Estaba también el Cuartel de la Comandancia Militar, la oficina de Correos y Telégrafos y un frigorífico. En ese momento hubo un servicio de agua potable y luz eléctrica extendido a varias dependencias de la Isla.
Las calderas de hierro herrumbroso del “Desinfectorio” aún permanecen, como recuerdos del pasado, en el agreste y rocoso paisaje insular.

La Segunda Isla

Está unida con la primera por los restos de un pequeño puente de material cubierto por musgo y conchillas marinas. En ella se encuentran ruinas de los pabellones para la asistencia de enfermedades infecto-contagiosas durante la cuarentena. Ya en el primer año de funcionamiento el Lazareto requirió la construcción de una Capilla para atender los requerimientos de los cuarentenarios.
La Capilla y el Cementerio se inauguraron el 1 de enero de 1870.

La Tercera Isla

En ella se puede ver todavía la torre medio destruida del “Crematorio”. Está unida a la segunda Isla por un arrecife que se cubre cuando la marea sube; en el mismo quedan los restos del viejo riel por el que transitaba la furgoneta con los cuerpos afectados por la “fiebre amarilla” o la “viruela” que venían a bordo de los buques y que allí eran cremados.

De lazareto a cárcel

Cuando dejó de ser un lugar de cuarentena, a fines del 1800, la isla pasó a ser una especie de “Alcatraz del Uruguay”, tal como la llamaron muchos.
Como se trataba de un lugar aislado, la vigilancia no tenía que ser tan estricta y las fugas a nado eran casi imposibles. Varias de las dependencias que ya estaban construidas se utilizaron como cárceles.
Se usó por primera vez la Isla de Flores como prisión política en 1904, pero en 1910 y 1933 se la volvió a utilizar con ese fin.
Presidio de Terra – Nadie se acordó de la Isla por varios años, hasta que el dictador Gabriel Terra utiliza el lugar para confinar a decenas de presos políticos que se opusieron al cuartelazo y disolución de las cámaras. Todos los Batlle, Berreta y otros legisladores de la época sufrieron varios días de encierro antes de lograr el exilio en Buenos Aires. La arbitraria medida se repitió en oportunidad de la “revolución” de 1935.
Por allí pasaron también prisioneros de guerra de la “revolución blanca”.
En el año 1968 fueron encarcelados durante dos meses, más de cien sindicalistas de UTE y ANCAP, a raíz de las “Medidas Prontas de Seguridad”.
Durante la dictadura militar se manejó la posibilidad de transferir a todos los presos de la cárcel de “Punta Carretas” a la Isla de Flores, luego de algunas reformas a los edificios. Pero tal proyecto se descartó.

La historia del faro más caro del mundo

Los Portugueses – Llegó la invasión portuguesa de 1817, y Carlos Federico Lecor, (Barón de la Laguna) se hizo cargo del gobierno del territorio que llamaron “Provincia Cisplatina” (antes “Banda Oriental” y “Provincia Oriental”). Se sabe que hubo cierto beneplácito de muchos criollos de Montevideo que “colaboraron” con su administración.
En ese momento se replanteó la necesidad de construir un Faro en la Isla de Flores.
¿Pero quién debía pagarlo?
Carlos Federico Lecor, -ni corto ni perezoso- decidió que lo debían solventar las Aduanas de los puertos de Montevideo y Colonia y el Cabildo de Montevideo. Pero como las arcas estaban vacías después de tantas guerras, se los hizo pagar con territorio.
Fue así que nació un ignominioso pacto, por el que se entregaban 4.000 leguas cuadradas de TERRITORIO a cambio de la construcción de un FARO.
El 30 de enero de 1819 se firmaba el primer documento del “TRATADO DE LA FAROLA”, por el que se cambiaba la línea divisoria entre las capitanías de Montevideo y la de Rio Grande do Sud.
El nuevo límite empezaría: “…una legua al SE del Fuerte de Santa Teresa, en la margen occidental de la Laguna Merín y siguiendo rumbo NW hasta la desembocadura del río Arapey en el rio Uruguay”.
En España se pensaba que apenas: “era el trueque de una pequeña parte de la frontera de corto valor a cambio de la financiación de una obra sin cuyo establecimiento no podía prosperar el comercio del Río de la Plata”.
Mientras muchos orientales peleaban, en esos mismos territorios, por la independencia, lograda recién después de la Cruzada Libertadora de 1825. el Cabildo de Montevideo llevaba a cabo la operación vergonzante, entregando las “Misiones Orientales” y un gran sector del actual “Río Grande do Sul”.
Obsérvese que lo que se regaló fue una superficie mayor a la mitad del territorio oriental.
Y en realidad no se perdió más porque por un “Pacto de Reincorporación”, que graciosamente accedió a firmar el Brasil en 1821, se le devolvió a la Provincia Oriental, lo que hoy es el departamento de Artigas territorio que también había cedido en el “Tratado de la Farola”.
Y lo peor fue que el Faro no se hizo después del “Tratado de la Farola”, pues a los pocos meses la fragata que transportaba los materiales se perdió en un temporal y las obras se volvieron a suspender.
Recién en el año 1826, ya en proceso la expulsiòn de los portugueses, se puso a Concurso la construcción del mentado Faro, el que ganó Ramón Artagabeita por un costo de 39.950 pesos de aquel entonces. Inmediatamente comenzaron las obras que finalizaron al año siguiente (faro, vivienda del farero y muelle).
El 1 de enero de 1828 se inauguró el Faro. El Cabildo otorgó la concesión del funcionamiento y mantenimiento al constructor del mismo por cuatro años. Este régimen de concesiones se mantuvo hasta que en 1872 el Faro pasó a depender de la Capitanía del Puerto de Montevideo.
El faro de la Isla de Flores es una torre cilíndrica de mampostería que tiene una altura de 20 m y de 37 m desde el nivel del mar. Tiene un alcance luminoso de 19,2 millas náuticas. Emite dos destellos cada 10 segundos.
En 1975 el Faro de la Isla de Flores fue declarado Patrimonio Nacional.
En 1985 se electrificó la linterna del mismo.
En la actualidad depende del Servicio de Iluminación y Balizamiento de la Armada Nacional. (S.E.R.B.A.).
Hay una guardia de dos personas que permanecen en la Isla atendiendo el mantenimiento del mismo y que son relevadas cada quince días.
Por su parte, el temido “Banco Inglés”, situado a 10 millas marinas al sureste fue dotado de un pontón-faro.
Desde el 26 de febrero de 2018 la Isla y el espacio de aguas de 2 millas náuticas a su alrededor fueron declarados “Parque Nacional Isla de Flores”.

FUENTES DE INFORMACIÓN: Juan Antonio Varese y Eduardo Langguth, libro “Historias y Leyendas de la Isla de Flores”. / Todo Uruguay–Turismo – “Curiosidades de la Isla de Flores. / Montevideoantiguo.net / Descubriendo Uruguay.web / Crónicas migrantes.web / Agradezco a Zulma Moreno por su fotografía tomada desde el piso 8º del edificio “Golf Palace”. EPÌGRAFE – “En un día claro se ve hasta siempre” – título de la película de V. Minelli, con B. Streisand, Y. Montand, J. Nicholson.

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