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Otros Vecinos en China

Compartimos el relato de un gran deportista vecino de Atlántida quien junto a su equipo representan a Uruguay y nos dejan muy cerca del podio. Felicitaciones!

Desde que llegamos al aeropuerto de Pudong, en Shanghai, quedamos maravillados ante ese despliegue de tecnología, ingeniería y arquitectura. Realmente parece una ciudad del futuro, con un sistema de transporte privilegiado, veloz, limpio y barato, al alcance de todos.

Pero al tratarse de una gran ciudad en un gran país, era esperable en cierta medida esa magnitud de poder económico y medios.

Al viajar a regiones remotas, en un vuelo doméstico de casi 6 horas, llegamos a Urumqi, la ciudad más alejada del mar en el mundo, capital de la región autónoma de Xinjiang, que no conocíamos ni de nombre (a pesar de que desde la infancia soy un apasionado de la geografía política). Pués nos encontramos con una gran ciudad, de unos 2 millones de habitantes y un aeropuerto equivalente al de Santiago de Chile o Lima, con gran tráfico nacional e internacional.

Y desde allí nos trasladó en 12 horas de bus la organización a Kanas, el emplazamiento elegido para dar inicio al Xtrail Altay Expedition.

Estimado lector, Kanas queda en un triángulo de territorio al extremo noroeste de la República Popular China, estamos hablando de una zona fronteriza muy cercana a Mongolia al este, Rusia al norte y Kasajistan el oeste. Por razones obvias es una región muy militarizada, con rutas excelentes que atraviesan paisajes desolados, en un terreno agreste únicamente ocupado por nómades que administran sus tropillas de ganado y habitan las yurtas tradicionales (una especie de carpa circular que tiene todo lo necesario para la vida adentro).

Se suceden controles policiales de documentos, alternados con paradas en establecimientos carreteros bien austeros, preparados para dar lo necesario a los transportes de turismo interno que recorren por miles esos parajes. Los chinos pasean mucho por su inmenso país practicando turismo social.

Al llegar a Kanas nos instalaron en un resort con todo, quiero decir que en ese lugar tan alejado, a miles de km del mundo familiar para nosotros, nos encontramos con todo el confort que se puede encontrar en Europa, o en las ciudades turísticas andinas, pero con una excelente conexión de internet, unas montañas límpidas y prados hermosos, interminables bosques de coníferas y cumbres nevadas rodeando el pueblito de ensueño, en el que conviven además, todas las tradiciones culturales de esa región multi étnica.

Ese fue nuestro Talón de Aquiles en China, no pudimos adaptarnos a la comida. El exceso de picante a todas horas del día en todos los buffets no se apiadó de nosotros, lo sufrimos.
La carrera, como no podía ser de otra manera ante la presencia del máximo nivel deportivo posible en este deporte, fue fulminante desde el comienzo.

Es difícil describir el ritmo que impone desde el principio Seagate cuando largamos remando y quiere escaparse rápido de Haglofs Silva, Estonian Ace o Columbia Vidaraid. Basta decir que todos nos dedicamos a limitar en lo posible el daño. En nuestro caso, instalados en un segundo pelotón perseguidor junto a muy buenos equipos en el que también estaban nuestros hermanos sudamericanos brasileños Nossa Vida y ecuatorianos Terra Aventura, que llegaban con muy buenos antecedentes recientes, con un segundo puesto en Expedición Guaraní para unos y con el impresionante triunfo en Huairasinchi los otros.

Casi 9 km/h de promedio en esos 25 km de kayak de travesía alcanzaron para perder unos 40 min con la punta de la carrera, y desde ahí cambiábamos de embarcación y remos para una suerte de rafting por un río que desagua el lago a buena velocidad, muy divertido, aunque en posición muy incómoda por las mínimas dimensiones del gomón.

Al salir del agua, empezaba la carrera realmente, con un trekking de alta montaña de 49 km, en uno de los más hermosos recorridos que hemos hecho en tantos años de carreras por el mundo. Se sucedieron sendas de bosque, cumbres, filos, valles y cauces de arroyos cristalinos, muy alejados de la civilización, aunque encontrándonos en algunos puntos con los kasajos nómadas que nos observaban a la distancia, impávidos.

La navegación en mapa escala 1:100.000 demandaba mucha concentración, pero como decidimos mantener ritmo conservador en ese primer tramo, la fuimos llevando sin problemas, aún al caer la noche, que nos encontró siguiendo una gran quebrada en busca del puesto de control 7, que resultó muy difícil para muchos equipos, en una zona sin sendas y con innumerables cauces que bajaban de la montaña. Desde ahí a la orientación específica en un minúsculo pueblo de montaña, que durante el invierno queda absolutamente aislado, con carreteras cerradas y habitado por esos nómades que bajan de la montaña escapando del rigor de temperaturas por debajo de los 20 grados bajo cero.

La hicimos rápidamente, sin fallas y llegamos a la transición, en donde comprobamos que aún manteniendo ritmo parejo y sin cometer errores, la punta de la carrera nos había sacado casi 3 horas. A este nivel no alcanza con hacer las cosas bien, además hay que hacerlas muy rápido para ser competitivos.

Ya en el primer tramo de 110 km de mtb, las cosas empezaron a rodar mejor. Seguimos navegando correctamente, con ritmo aún contenido. Esa elección de velocidad no era caprichosa, Leo venía de mucho tiempo sin competir y queríamos darle tiempo a acomodarse, cosa que son sus aptitudes naturales y experiencia, no iba a tardar en darse.

Para mi, tenerlo lúcido era importante, para poder compartir las decisiones difíciles de navegación, lo hacemos muy bien juntos y de a ratos nos alternamos en esa responsabilidad, para no agotar cerebros. Es un cambio radical con respecto a hacerlo solo. Federica y Gonzalo esperaban pacientes el momento de apretar el acelerador, muy fuertes, como siempre.

Ya en ese tramo de bici empezamos a marcar diferencias con los equipos que nos acompañaban en ese grupo perseguidor, aún sin rodar juntos o vernos, al llegar a la parada obligatoria de 2 horas habíamos ganado mucho en esa relación, luego de 30 horas de carrera.

Fue la primera parada a dormir, que rindió efectivamente unos 30 min, así que salimos bastante espabilados a los siguientes 100 km de recorrido en mtb, con navegación nocturna muy compleja. En este punto conviene aclarar que a medida que nos acostumbrábamos al terreno, veíamos que era posible ignorar los caminos trazados en el mapa, porque el campo, incluso el bosque (en el trekking) eran transitables, por lo que el recurso del rumbo directo era muy aplicable, aún en en bici.

Nos fuimos alejando poco a poco de poderosos equipos internacionales y acercándonos a otros en posición de podio, ya con un incremento de velocidad y escalera armada en los tramos rodables, así que al llegar un ida y vuelta en las cercanías de la siguiente transición, nos vimos recompensados con una visión agradable, los fuertes sudafricanos estaban detrás nuestro.
El objetivo era hacer una rápida transición de 15 min para salir a meter ritmo fuerte en el remo corto y en el trekking siguiente de 40 km, buscando ingresar a posiciones de podio, sin tensión, sin errores.

Pero las siempre cambiantes condiciones de una expedición nuevamente se presentaron: se levantó un fuerte viento con características de temporal que nos impidió salir a remar, nos cruzamos con Seagate que terminaba su trekking y ya rodaba en su tramo final a la meta, impedido de hacer la última pierna de 55 km de remo.

Si no rema Seagate, nadie rema. Nos obligaron a parar un rato mientras traían nuestras cajas de abastecimiento de la siguiente transición y luego de aprovechar 20 min para dormir en una lujosísima yurta, salimos directamente al trekking, por unas sierras pegadas al lago, con mucha navegación a ritmo fuerte.

Ahora sí con el equipo marchando parejo y en una mano a mano muy interesante con los sudafricanos, a la vista luego de cometer nosotros la única falla en todo el recorrido: equivocamos una playa en la que estaba el puesto de control y mal ayudados por alguna falsa señal que coincidía con el mapa, estuvimos más de 1 hora buscando en el lugar incorrecto. Al reaccionar, lo corregimos a puro trote y compensamos en pocas horas el error.

Terminamos ese trekking a nuestro mejor ritmo, y decidimos darnos un descanso de 20 min de sueño en la yurta 5 estrellas (ese recorrido fue circular hasta la misma transición), antes de encarar el tramo final de ciclismo que a la postre sería de 170 km, interminable. Nuevamente pegados a nuestros sudafricanos, con la talentosa Robyn Owen mostrando siempre la sonrisa y educación que la caracterizan.

Ese descanso nos costó arrancar el último tramo de ciclismo bajo agua, empezó con una leve llovizna que se hizo aguacero, pero con el viento a favor rodamos por asfalto plano a un alto promedio cercano a los 40 km/h durante casi 2 horas continuas, hasta que fuimos virtualmente frenados al tomar un camino por el barro pegajoso que impedía mover las bicis, o arrastrarlas, así que decidimos tomar un descanso hasta que el barro endureciera al amanecer, un par de horas después.

Las Cube Reaction CTC SL se portaron maravillosamente, con un mantenimiento mínimo van y van, creo que son la mejor elección para carreras largas que requieren poco peso y mucha confiabilidad.

Fuimos alcanzados por los sudafricanos unos 20 min después y dormimos juntos, compartiendo esos deliciosos momentos entre equipos que hacen tregua forzada, hasta que volvimos a la batalla nuevamente. El lugar elegido fue un almacén junto a la ruta, del que fuimos expulsados a la madrugada con gritos destemplados por la dueña, que furiosa, desautorizó a su simpático hijo que nos abrió la puerta. Hicimos las paces y nos fuimos ambos equipos, hay que entender rápidamente que esa gente se encuentra con extranjeros que invaden su privacidad, piden comida, bebida, abrigo, no entienden el idioma y todavía se tiran al piso a dormir a la primera distracción. Somos insoportables y siempre debemos mostrarnos agradecidos, sin importar el cansancio.

Una vez en el camino, navegando bien pudimos desplegar otra vez nuestra potencia en las bicis y poco a poco apartarnos, contactando incluso a los kiwis horas después, que marchaban en quinta posición, aunque inalcanzables por haber sido tocados por la suerte de haber hecho la remada corta el día anterior.

Llegamos a la meta en Altay en la tarde del jueves, con un incidente que podría habernos arruinado todo. El descenso de las montañas a la ciudad fue vertiginoso por un cauce de arroyo. Como llovía, decidimos ser muy precavidos para evitar riesgos, y aún así, a escasos 200 mts de la última transición donde debíamos dejar las bicis y correr 1 km a la meta, Leo pisó un caño plástico que atravesaba el camino y cayó. No hubo consecuencias, pero una vez más fuimos claramente conscientes del riesgo que hasta cruzar la meta siempre existe en este deporte.
La pasamos muy bien en equipo, sufrimos callados en los momentos malos y supimos aprovechar los buenos para meter ritmo fuerte.

Entendemos perfectamente la superioridad de quienes nos ganaron y sabemos bien lo que hay que hacer para reducir esa ventaja. Fácil de decir, difícil de lograr.

En un par de meses, Uruguay Natural Ultra Sports se verá las caras nuevamente con estos equipazos en Wyoming, USA, cuando disputemos el Adventure Race World Championship.

Gracias a todos por el apoyo, realmente empuja mucho.

Por: Rubén Manduré.

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