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Entrevistas

Jorge y Alba: Supermercado Fuentes

Los hermanos Jorge y Alba Fuentes cumplen la “ley primera” como nadie que haya conocido en mi vida. La Sra. Alba Fuentes, incansable responsable de “Supermercado Fuentes”,  tuvo la amabilidad de recibirnos en una hermosa jornada para llevar adelante la entrevista de este mes que nos promete una fabulosa Primavera.

“Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea,  porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera.”
José Hernández

A: ¿Cuándo abre sus puertas “Supermercado Fuentes”?

AF: En Agosto de 1980 aproximadamente. Era un almacén con mostrador. Lo compré en 1979.

A: ¿La estructura era la de hoy?

AF: No, era un local chiquito. Después lo fuimos agrandando. Empecé trabajando sola, como hasta el año 1982. Los fines de semana, mi hermano Jorge me daba una mano.

A: ¿A qué te dedicabas antes?

AF: Vivía en el campo. Fui a la UTU de Pando y estudié corte y confección. A mí me gustaba peluquería pero era en horario nocturno y no podía cursarlo debido a los horarios del tren, que era el transporte que utilizábamos.

A: ¿De dónde sos?

AF: De Piedra de Afilar.

A: ¿Cómo fue que llegaste al rubro de almacén?

AF: Mi madre falleció el año que entré en la UTU, tenía 12 años. Nos quedamos con mi padre. Llegábamos muy tarde a casa. Como la parada nos quedaba lejos, unos dos kilómetros, un guarda solicitó que se creara una parada que nos venía mejor; pero a veces los guardas del tren se olvidaban y terminábamos caminando tres kilómetros o más en plena noche.
Jorge decidió irse a Montevideo y me quedé sola con mi padre. En el campo no teníamos agua, electricidad, nada. Era muy difícil vivir. Cosía con velas para personas del balneario y tenía que ir kilómetros para probar la ropa y volver.

A: ¿Qué producían en el campo?

AF: Remolacha, para la elaboración de azúcar; trigo; teníamos un reparto de leche en los balnearios de Araminda y La Tuna, con carro y caballo (risas)
Costó convencer a mi padre de vender el campo y venirnos a San Luis. Lo hicimos en el año 1978, más o menos. Vendimos el campo muy barato, prácticamente lo regalamos. Nos compramos una casita en el balneario.

A: ¿Por qué San Luis?

AF: Porque hicimos todo en San Luis. Tengo un hermano más grande que fue a la Escuela de Piedra de Afilar, él y algunos de sus compañeros se portaban muy mal y mis padres recibían quejas. Así que cuando Jorge y yo tuvimos edad para ir a la Escuela nos pusieron en la de San Luis.
El primer año, luego de comprar la casita, me dediqué a coser y luego pensamos en poner algo, una verdulería. Jorge vivía en Montevideo y me mandaba la fruta y verdura en camión. Cuando llegaba tenía que bajar la mercadería sola (risas) Los dueños del local nos querían vender a toda costa pero no teníamos el dinero. Al final fuimos a un Banco en Soca y nos dieron un préstamo que sirvió para la compra.

A: El almacencito (risas)

AF: Sí (risas)

A: ¿Cómo se fue dando el crecimiento?
AF: Como te dije, empecé sola, mi padre a veces me acompañaba. Cuando aún tenía sólo la verdulería comencé a anexarle otros productos, siempre de a poco; por eso cuando compré el almacén el cambio no fue brusco. Al correr del tiempo compramos un terreno en el fondo, después otro terreno más. Fui cerrando el local y compramos la casa, que era de un familiar de la misma gente a la que le compramos el local.

A: ¿Qué te motivó a expandirte?

AF: Veía que cada vez venía más gente, los distintos adelantos que surgían, decidí ir para adelante.

A: ¿Hubo un boom en el crecimiento del balneario?

AF: No, fue paso a paso; lo ibas viendo año a año. La gente compraba, edificaba.

A: ¿Qué hizo que te quedaras en San Luis?

AF: Pensamos en irnos pero no quise. Había que cumplir con los compromisos adquiridos. Cuando tuve a mi hijo, Jorge se vino con la familia y atendió el comercio. La única vez que cerramos fue cuando falleció nuestro padre.
Hoy sé que este es mi lugar, es mi vida.
Después se transformó en un tipo de autoservice; contraté empleados y seguimos creciendo y agrandando. Así que la expansión fue de a poco. Después anexamos carnicería pero la tercericé. Inclusive hubo una época que vendimos muebles (risas). Fui avanzando en los sistemas, como nuevas registradoras, sistema de cobranza.

A: ¿Fue difícil hacer los cambios?

AF: Sí. A muchas personas no les gusta el cambio. A mi me cuesta también pero quería avanzar y los hice. Todos los años hacemos algo nuevo.

A: Contame cómo surge la experiencia de las canchas de paddle.

AF: Nosotros teníamos unos terrenos y el Sr. Frontini, que es arquitecto, nos propuso que pusiéramos los terrenos y él construía las canchas de paddle. Luego de un tiempo se dio cuenta de que no era un buen negocio y Jorge, luchándola, le compró su parte.

A: ¿Tenés algún escape, hobby, que te saque un tiempo de esta dinámica?

AF: Cuando era joven jugaba voleibol, paddle, pero ahora con la rodilla (risas) mi escape es ir a ver a mis nietos a Montevideo o que ellos vengan a pasar acá (risas)

A: Sé que Jorge y vos están muy relacionados con la vida de San Luis promoviendo actividades ¿Cuáles son?

AF: Siempre nos gustó todo lo que tenga que ver con el deporte. Sobre todo a Jorge. Hicimos campeonatos de paddle, que son generalmente a fin de año, diciembre-enero o enero-febrero. Tenemos una cancha cerrada y dos abiertas. Viene gente de todas partes.

A: ¿Y el desfile de Carnaval?

AF: Ese es Jorge (risas) Siempre trae murgas, comparsas y organiza todo, hasta el recorrido del desfile.

A: ¿Cómo ves la evolución de San Luis?

AF: Antes era todo campo, no había servicios. El primer teléfono fue el nuestro (risas)

A: ¿Extrañás algo del viejo San Luis?

AF: No, creo que no. El pasado queda atrás, me gusta vivir en el presente. Siempre intentamos que el balneario progrese. Hemos sido los únicos con constancia en estos treinta años. Siempre le digo a mi hermano que si me pasa algo, cierre; porque para mí es mi vida, pero no es fácil estar todo el tiempo dedicado a esto.

A: ¿Sos feliz?

AF: Sí, claro que soy feliz. Hice esto trabajando con la familia, más que nada con Jorge. Somos muy unidos. Mi hermano empezó un año tarde la escuela para ir juntos. Hice mi mundo en San Luis y soy feliz en él.

A: Felicitaciones y muchísimas gracias por tu tiempo.

AF: Muchas gracias, fue un placer.

Por: Andrés De Mello

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