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Año Nuevo... ¿Qué traerás?

“Año Nuevo qué traerás pal pobre que nada espera, ¿cambiará su suerte overa, solo porque vos llegás?”

Amigos lectores, después de consumir casi todas las reservas económicas del año viejo en cosas que tal vez después nos dimos cuenta que no necesitábamos y aumentar las “reservas” de nuestro cuerpo con alimentos y bebidas que tampoco necesitábamos, henos aquí, reflexionando sobre la importancia, o no, del cambio de año.

Porque decididamente hemos entrado en un Nuevo Año.

Es necesario tener presente que, el comienzo del año, tal como se celebra hoy, no es algo que nos viene dado desde la aparición del hombre sobre el planeta, sino que es una convención, producto de las idas y vueltas de la civilización occidental, y luego adoptada casi universalmente.

Seguramente el hombre primitivo contaba –y registraba- el paso del tiempo de muy distinta manera a la actual. Pero siempre, desde las más antiguas culturas esto se ha basado en la observación de la naturaleza. El sol, la luna, las estrellas, el día y la noche, las estaciones, han sido la base de esa “repartición” del transcurrir del tiempo en distintos espacios, llamados, años, meses, semanas, días, horas, etc.

La muestra más palpable que la actual medición del tiempo es una pura CONVENCIÓN humana está en el hecho de que, mientras según el calendario gregoriano (el nuestro) estamos en el año 2018, según el calendario chino es el año 4715 (y no cambiará el primer día de enero sino más adelante); y para el calendario judío es el año 5778 (y el nuevo año entrará recién el 9 de setiembre de 2018).

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL CALENDARIO ACTUAL

El Calendario Juliano, introducido por Julio César en el año 46 a.C. (antes de Cristo), resultó de una reforma del calendario romano primitivo, poco después de la conquista de Egipto. Era el calendario predominante en el mundo romano hasta que fue sustituido progresivamente por el Calendario Gregoriano, promulgado por el Papa Gregorio XIII.

El Calendario Gregoriano es un calendario originario de Europa, actualmente utilizado de manera oficial en casi todo el mundo. Así denominado por ser su promotor el papa Gregorio XIII, vino a sustituir, en el año 1582, al Calendario Juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a. C.

Es muy complejo explicar aquí todos los cambios que introdujo el Calendario Gregoriano. Digamos solamente que fueron modificaciones basadas en observaciones científicas, sobre los movimientos de rotación y traslación de la Tierra, los que marcan la duración del año, los cambios de estación, así como el día y la noche terrestres.

Este calendario ajustó a 365 días la duración del año. Pero como la traslación de la Tierra alrededor del Sol no coincide con una cantidad exacta de días de rotación de la Tierra alrededor de su eje. Cuando el centro de la Tierra ha recorrido una vuelta completa en torno al Sol (traslación) y ha regresado a la misma posición relativa en que se encontraba el año anterior, se han completado 365 días y un poco menos de un cuarto de día (0,242189074 para ser exactos). Para hacer coincidir el año con un número entero de días se requieren ajustes periódicos cada cierta cantidad de años (el año bisiesto).

Pese a ser el más utilizado, el Calendario Gregoriano presenta diversas deficiencias. Por ejemplo, la diferencia en la duración de los meses (28, 29, 30 o 31 días) y el hecho de que la semana, que es utilizada casi universalmente como unidad laboral de tiempo, no está integrada en los meses, de tal forma que el número de días laborables de un mes puede variar entre 24 y 27.

El nuestro es un calendario eminentemente cristiano y occidental, ya que se cuentan los años transcurridos a partir del nacimiento de Jesucristo. La era cristiana comienza con el año convencional del nacimiento de Jesucristo. La enorme expansión del imperio romano llevó este calendario a aquellos países que sufrieron la influencia de Roma. Y luego éstos lo difundieron a otros continentes, caso de España y Portugal en América. Sin embargo, Gran Bretaña y sus colonias americanas no lo adoptaron hasta 1752.

EL DÍA Y LA SEMANA

El Día: es la unidad fundamental de tiempo del Calendario Gregoriano. Un día equivale aproximadamente a 86.400 segundos del Tiempo Atómico Internacional o TAI: recordemos que es el TAI el que se tiene que ajustar al verdadero movimiento de rotación terrestre, que se retrasa con respecto a la duración del mismo. La Semana es cada período de 7 días.

El impulsor de la reforma del calendario fue Gregorio XIII, quien nombró la “Comisión del Calendario”, en la que destacaron Cristóbal Clavio y Luis Lilio. Clavio, fue un reputado astrónomo y matemático jesuita. Un cráter de la Luna lleva su nombre. En cuanto a Lilio, era médico y astrónomo, fue uno de los principales autores de este nuevo calendario. Hay otros personajes más en esta historia: Alfonso X de Castilla, El Sabio: del cual parte el valor dado al año trópico en las Tablas alfonsíes de 365 días 5 horas 49 minutos y 16 segundos, lo que es tomado como correcto por la “Comisión del Calendario”. Finalmente hay que mencionar a Pedro Chacón, matemático español, que redactó el Compendium, con el acuerdo de Clavio y Lilio, y se llegó así al 14 de septiembre de 1580, cuando se aprueba la reforma, para llevarla a la práctica en octubre de 1582.

EL AÑO NUEVO

El Año Nuevo es la celebración del comienzo de un nuevo ciclo de 12 meses, en función del tipo de calendario utilizado. La fecha más común es la del 1 de enero, del Calendario Gregoriano, el cual se utiliza en la mayoría de los países del orbe. El 1 de enero es día festivo en casi todo el mundo y trae consigo la costumbre de celebrar también en el día anterior, la Nochevieja, el 31 de Diciembre.

El día de Año Nuevo es tal vez el que más personas festejan, pues la mayoría de los seres humanos tienen razones para hacerlo, ya sea para celebrar un año más que llega, o por un año que se va y no vuelve.

LOS MESES DEL AÑO

Los nombres de los meses del año tienen su origen en el Latín. Algunos hacen referencia a dioses romanos, otros a emperadores y los cuatro últimos tienen un significado numérico. Conviene recordar que el antiguo calendario romano comenzaba con el mes de MARZO, (tenía diez meses). Y luego se agregaron los meses de ENERO y FEBRERO para completar doce.

Enero – JANUARIUS - Toma su nombre del Dios bicéfalo Janus. Este era el Dios de los portones, principios y finales. Como Enero es el mes que abre el año se honró a dicho Dios de esa manera.

Febrero – FEBRUARIUS - Proviene de la palabra en Latín “Februare”, la cual nace de Februo, que significa “limpiarse”. El mes fue nombrado así porque en Febrero los romanos realizaban ciertos ritos religiosos, dedicados a Plutón, que tenían la finalidad de conseguir “pureza”.

Marzo – MARTIUS - Marzo era el primer mes del Calendario Romano antiguo, nombrado en honor a Marte, el Dios de la Guerra. En este mes se planificaban todas las campañas militares que tendrían lugar en el transcurso del año.

Abril – APRILIS - Proviene de “Aperio”, que significa “abrir”. Se dio este nombre al mes ya que en Abril es cuando las plantas comienzan a florecer (hemisferio norte). Nota- Un gran número de estudiosos señala que también puede estar tomado de los griegos que lo dedicaban a la diosa Afrodita.

Mayo – MAIUS - Proviene de la diosa romana Maia, que también era la diosa de la primavera. Los sacrificios a Maia, madre Tierra, se ofrecían el primero de Mayo.

Junio – JUNONIUS - Nombrado en honor a la Diosa Juno, Diosa del matrimonio y una de las más poderosas figuras del Olimpo.

Julio – JULIUS - Primeramente conocido como “Quintilis”, debido a que este era el quinto mes. Con el calendario Juliano, fue dedicado a Julio César, por ser el mes de su nacimiento.

Agosto - AUGUSTUS - Este mes primeramente se llamó “Sextilis” (el sexto mes), pero fue luego renombrado Augustus, en honor al emperador. El mes originalmente tenía 30 días y fue aumentado a 31 para no ser inferior a Julio. (Obsérvese que ambos tienen 31 días por “caprichos” de emperadores)

Septiembre - SEPTEMBRI - Semptembri proviene de septem, (siete en Latín). Esto es porque contando desde Marzo, mes que iniciaba el año para los romanos antiguos, Septiembre caía en el séptimo lugar entre los meses.

Octubre – OCTOBRI - Otro de los meses que retuvo su origen numérico. Octo, (ocho en Latín).

Noviembre - NOVEMBRIS - De novem, (nueve en Latín).

Diciembre – DECEMBRIS - De Decem, (diez en Latín).

AÑO NUEVO CHINO

El año 4715, según el calendario chino, comenzó el 28 de enero de 2017.

<<La fecha de comienzo del Año Nuevo Chino se determina por el calendario lunisolar utilizado tradicionalmente en China y en otros pueblos que se han visto influidos por la cultura Han, como coreanos, japoneses, vietnamitas, de Singapur, Mauricio, y de Filipinas.
El año nuevo chino cae en el día de la luna nueva más próximo al día equidistante entre el solsticio de invierno (21 - 23 de diciembre) y el equinoccio de primavera (20 - 21 de marzo), en el hemisferio norte. Ese día equidistante entre esas dos fechas cae en una fecha que está aproximadamente 45 días después del solsticio de invierno, y 45 días antes del equinoccio de primavera. El día equidistante es el del Año Nuevo, pero solo si ese día es día de la luna nueva; de lo contrario, se tomará el día de la luna nueva más próximo a la fecha señalada, lo cual puede ser entre el 21 de enero y el 18 de febrero.>> (Wikipedia).

AÑO NUEVO JUDÍO

Según la tradición judía se denomina Rosh Hashaná (en hebreo, “cabeza del año’), al Año Nuevo judío, el cual es conmemorado por la mayoría de los judíos dondequiera que se encuentren, el primero y el segundo día de tishrei (séptimo mes del calendario hebreo).

La celebración del Año Nuevo Judío conmemora el día en que Elohim creó el mundo. O según el rabino Eleazar ben Shammua, el día de la creación del hombre; y es a partir de este día que se cuentan los años, según esta creencia religiosa.

Desde el 20 de setiembre de 2017 están en el año 5778. Y el Nuevo Año va a comenzar el 9 de setiembre de 2018.

MAYAS y AZTECAS

En nuestra América hubo civilizaciones pre-colombinas, como los MAYAS y los AZTECAS, que llegaron a crear sus propios calendarios, basados en observaciones astronómicas, y en cálculos matemáticos precisos, lo que muestra una evolución del conocimiento científico muy avanzada. Recordemos que el “descubrimiento” de América sucedió en el año 1492, mientras que el Calendario Gregoriano se implantó en Europa casi cien años después.

PALABRAS FINALES

Según el horóscopo chino, el 2018 es “el año del perro”. Pero independientemente del tipo de calendario por el cual nos guiemos, para todos nosotros, debería ser el “Año del Cambio”.

Sin esperar que el Nuevo Año traiga ese cambio en ancas de sus primeros días, sino reflexionando que, tal vez, los que tenemos que cambiar, en todo caso, somos nosotros.

Es probable que muchos de ustedes, lectores, puedan pensar lo siguiente: <<Estoy conforme con lo que soy y con lo que he logrado, así que no voy a cambiar nada>>.

Pero, posiblemente, otros no estarán conformes totalmente con su “estado espiritual”, y eso no siempre tiene que ver con asuntos económicos, ni con cualquier otra situación personal o familiar, sino que es simplemente fruto de la “condición humana”.

Algunas personas tal vez asocien la realización personal plena con la búsqueda de la felicidad, como bien supremo. Otros a la paz de espíritu. Otros simplemente a “encajar” en el mundo. Otros a sentirse conformes con la vida que les ha tocado. En última instancia es la búsqueda eterna, del ser humano, de sentirse bien consigo mismo y con el entorno.

Lo cierto es que el cambio de año siempre nos provoca reflexiones un poco más profundas que las que se nos presentan en la cotidianeidad. Como también las puede provocar el cumplir años (sobre todo en los cambios de década); o ante la presencia de eventos extra-ordinarios de la vida, como puede ser un accidente, una enfermedad grave, un fallecimiento, un casamiento, o un nacimiento en la familia.

Dicen, los que saben de esto, que las respuestas están siempre en nuestro interior y no fuera de nosotros. A veces no se llega a encontrarlas nunca. A veces sucede que a uno no le importa buscar esas respuestas. A veces se desespera por encontrarlas, pero no descubre el camino hacia su interior profundo. Está claro que no estamos hablando de cosas materiales sino de elementos espirituales.
Podemos repetir hasta el hartazgo <<que la felicidad no es un bien que se pueda comprar o vender>>, y muchas otras frases que se han acuñado para servir de consuelo a desventuras varias, sobre todo económicas, que son muy importantes, sin duda, porque de ello depende la mitigación de muchas otras de las desventuras humanas.

Pero puede suceder, también, que aquellas personas que lo tienen todo desde el punto de vista material tampoco se aseguran “la felicidad”, y adolecen de muchas otras cosas que no son materiales, ni se compran con dinero.

Así que podemos afirmar con cierta convicción que la búsqueda del bienestar espiritual –de forma consciente, o no- es inherente al ser humano en todos los estadios de civilización, e independiente de los adelantos tecnológicos y culturales que se han logrado hasta el día de hoy.

Epígrafe – Fragmento de la milonga “Año Nuevo”, de Amalia de la Vega.
Imágenes – El Papa Gregorio XIII - Fotografía de Internet.
Viñeta de “Mafalda”.

Por: Wilson Mesa

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